Esta noche me despediré de los periodistas chilenos porque, pase lo que pase en el Brasil-Chile, yo me quedo en Johannesburgo para viajar mañana a Pretoria y hacer el Paraguay-Japón, antes de volver a Barcelona. Y espero poder hacerlo deseándoles mucha suerte en su partido de cuartos ante Holanda.

Hemos pasado muchos días trabajando juntos en unas condiciones bastante lamentables. La federación chilena no nos lo ha puesto nada fácil, la verdad. No han restringido el acceso a los entrenamientos, no nos han informado del estado de los lesionados, no nos han dejado hacer entrevistas personalizadas y se han olvidado de nosotros cada vez que había un cambio en el programa de viaje o en el plan de preparación.

Yo les he explicado que, con España, la prensa no está dejada de la mano de Dios, sino que va 'empotrada' con el equipo, es decir, que lleva un plan similar de viajes, hoteles y desplazamientos al de la selección. Que todos están permanente informados por SMS de los partes médicos, de los cambios en la concentración, de cuando entrenan, de cuando tienen la tarde libre, de cuando se anula una sesión, de cuando llegan a cada hotel, de cuando aterriza cada avión.

Les he contado que en las previas, Del Bosque, antes de la conferencia de prensa oficial, atiende fuera del estadio a las televisiones que no han comprado los derechos del Mundial para que todos tengan acceso a la actualidad de 'la otra Roja'.

Los chilenos se siente maltratados, pero tragan con todo. Claudio Olmedo -el jefe de prensa que rara vez pisa la sala de prensa- no les hace ni puto caso, porque no sirve a los periodistas, sino a los directivos de la federación chilena, cuyo presidente, Harold Mayne-Nicholls, fue curiosamente periodista deportivo.

Yo creo que se equivocan. Hay que dignificar esta profesión, y ellos prefieren callar y seguir haciendo mal su trabajo. Antes del Chile-Suiza, la federación chilena tuvo problemas con un chárter y se quedaron en tierra 120 periodistas de su país, que no pudieron volar a Port Elizabeth y llegar a tiempo al partido. Eso pasa en España y ya os digo yo que se lía parda y que por lo menos Villar tiene exiliarse una buena temporada.

Y así les va a los chilenos. A falta de información contrastada, casi todo lo que lees, ves y oyes es opinión. No os exagero si os digo que me han entrevistado no menos de una docena de veces en este Mundial. Las principales televisiones, radios y diarios del país han utilizado mis opiniones sobre la selección chilena, sobre Bielsa o sobre España -es lo que tiene ser el único periodista español de la concentración de Ingwenyama durante veinte días- para llenar sus espacios, porque tenían poco más que echarse a la boca.

David Ibáñez, el periodista de Telecinco que visitó un par de días la concentración de Chile antes de que jugaran contra España, no se podía creer lo que le contaba hasta que lo vivió en sus propias carnes. Acabó llamando cabrón al ínclito Olmedo. Yo nunca llegue a insultarle, pero seguro que tuve en tres semanas más broncas con él de las que los periodistas chilenos han tenido en los tres últimos años.

"La culpa es de ustedes, que nos han colonizado mal", me dijo durante una de esas discusiones en la que yo estaba reprendiéndole por la falta de transparencia a la hora de informar sobre la lesión de un jugador. "Pues tiene usted razón", le contesté.