Había oido hablar mucho de las famosas vuvuzelas, las trompetillas alargadas con las que los sudafricanos acuden a los estadios y con las que no paran de dar el coñazo ni un solo segundo desde que llegan hasta que se marchan del campo. Pero no quería escribir sobre ellas, hasta hacerlo con conocimiento de causa. Pues bien, ayer fue el día,  y ya puedo decir que son una auténtica pesadilla. Las "putas vuvuzelas de los cojones", como se refiere a ellas Alberto, que debe sufrirlas a pie de campo mientras intenta afinar el pulso para encuadrar las fotos, tendrían que ser desterradas de los estadios de fútbol.

La FIFA debería tomar, desde ya, cartas en el asunto. Su sonido, un zumbido desgradable, constante y monótono, no sólo es terriblemente molesto al oído sino que además impide escuchar los himnos de las selecciones, los cánticos de las aficiones, los pitos, los aplausos, los ohhhh!!, la celebración de los goles, en fin, la salsa del fútbol.

Ayer por la tarde, en el Mbombela de Nelspruit, donde habían escasos 32.000 espectadores, no pude disfrutar de los coros de la 'Marea Roja', ni los gritos de ánimo de los hondureños. Ni siquiera pude escuchar el goooooool!! de los aficionados chilenos cuando marcó el equipo de Marcelo Bielsa. Ver un partido en el campo con vuvuzelas sonando por todas partes es como verlo por la tele con el volumen en 'mute' y, en su lugar, un enjambre de abejas colgado de cada oreja. Es para volverte loco.

Las fotos son, como no,  de Alberto Estévez, que odia escuchar las vuvuzelas,  pero le encanta retratarlas.