Sudáfrica, uno de los países con mayor desigualdad social que he conocido, acaba igualando, paradójicamente, a todo aquel que la visita. Aquí, los que estamos de paso nos encontramos todos con las mismas limitaciones, justo lo contrario que sus habitantes, cuyas condiciones difieren considerablemente en función de si son negros o blancos decendientes de afrikanners.

Me ha hecho gracia escuchar de boca de los propios jugadores chilenos que el primer día en el país fue bastante frustrante, pues en el resort en el que se alojan no iba internet ni tampoco el agua caliente. A nosotros nos pasó exactamente lo mismo.

Lo del agua se solucionó rápido. Lo de internet no tiene solución. Sudáfrica no está preparada para lo que se le viene encima este mes: miles de periodistas y fotógrafos acreditados para el Mundial enviando sus textos, fotos e imágenes a cualquier hora y desde cualquier punto del país.

Quien ha trabajado conmigo sabe que si hay una cosa que puede sacarme de quicio es tener problemas para transmitir una noticia porque no funciona internet. Aquí pasa tan a menudo -incluso en los centros de prensa-, y tengo tan claro que seguirá pasando una y otra vez, que incluso he aprendido a relativizarlo.

P.D: Mientras escribo esto en mi habitación del Pelenechi Manor, no funciona internet, como no podía ser de otra forma. Así que no puede entrar en La Coctelera para colgar el post. Ni si quiera con el usb móvil que nos dieron al llegar y que sería fantástico si no fuera por que tampoco andamos sobrados de cobertura. A ver si hay más suerte mañana.